El mayor riesgo en ciberseguridad no siempre es visible: el problema de las Non-Human Identities
Durante años, la gestión de identidades en ciberseguridad se ha centrado principalmente en los usuarios humanos: empleados, administradores o terceros con acceso a sistemas corporativos. Sin embargo, en la mayoría de organizaciones modernas, estos usuarios representan solo una pequeña parte del total de identidades activas.
El verdadero volumen, y uno de los mayores riesgos, se encuentra en las Non-Human Identities (NHI): credenciales utilizadas por aplicaciones, servicios, pipelines y sistemas automatizados que operan de forma continua dentro de la infraestructura digital.
En Cibernos observamos una realidad cada vez más frecuente: las organizaciones tienen control relativo sobre sus usuarios, pero carecen de visibilidad y gobernanza sobre miles de credenciales automatizadas que funcionan en segundo plano.
Qué son las Non-Human Identities y por qué han crecido tanto
Las Non-Human Identities son credenciales que permiten a sistemas autenticarse y operar sin intervención humana. Incluyen claves API, tokens, certificados, cuentas de servicio o claves SSH, utilizadas para conectar aplicaciones, ejecutar procesos o gestionar infraestructura.
Su crecimiento está directamente ligado a la transformación digital. La adopción de cloud, arquitecturas de microservicios, automatización y DevOps ha multiplicado el número de interacciones máquina a máquina dentro de las organizaciones. En este contexto, las NHI pueden superar a las identidades humanas en ratios de 10:1 o incluso 20:1.
Un ecosistema distribuido en toda la infraestructura
Las Non-Human Identities no están concentradas en un único sistema, sino distribuidas en toda la arquitectura tecnológica. Aparecen en entornos de CI/CD y DevOps para automatizar despliegues, en infraestructuras cloud gestionando permisos, en arquitecturas de microservicios habilitando la comunicación entre aplicaciones y en entornos de IoT donde dispositivos y bots requieren acceso persistente.
Este modelo aporta eficiencia y escalabilidad, pero también incrementa significativamente la complejidad de control y supervisión, generando múltiples puntos de entrada potenciales.
Por qué las NHI se han convertido en un riesgo crítico
A diferencia de las identidades humanas, muchas NHI no están inventariadas ni monitorizadas adecuadamente. Su creación suele estar descentralizada entre equipos, lo que genera importantes puntos ciegos. Además, es habitual que dispongan de más privilegios de los necesarios y que carezcan de controles básicos como MFA, caducidad o rotación periódica. En la práctica, muchas credenciales permanecen activas durante meses o años sin cambios, ampliando la superficie de ataque.
Cómo explotan los atacantes estas debilidades
Los atacantes aprovechan principalmente la exposición accidental de credenciales, especialmente en repositorios de código donde los secrets pueden permanecer incluso tras ser eliminados. También se benefician de malas prácticas como el hardcoding en aplicaciones o la presencia de credenciales en archivos de configuración.
Otra vía habitual es la filtración en logs, trazas o archivos mal protegidos. A partir de ahí, técnicas como ataques a la cadena de suministro o movimiento lateral permiten escalar el acceso dentro de la infraestructura.
Incidentes reales que evidencian el problema
Numerosos incidentes de alto impacto han tenido su origen en una mala gestión de identidades no humanas. Casos como Uber, Toyota, CircleCI, Codecov o LastPass demuestran cómo una credencial expuesta puede derivar en accesos masivos, pérdida de datos y daños reputacionales significativos. Estos ejemplos reflejan una realidad clara: no se trata de un riesgo teórico, sino de un vector de ataque activo y recurrente.
Un problema que no deja de crecer
Las estadísticas actuales refuerzan la magnitud del desafío. La mayoría de brechas de seguridad involucran credenciales comprometidas, y millones de secrets se exponen públicamente cada año. Al mismo tiempo, muchas organizaciones no conocen con precisión cuántas NHI tienen activas. Cada nueva integración introduce nuevas credenciales, ampliando un ecosistema que evoluciona más rápido que su capacidad de control.
Principales desafíos en su gestión
Uno de los mayores retos es la descentralización: las NHI son creadas por distintos equipos sin estándares comunes, lo que dificulta mantener un inventario actualizado. A esto se suma el shadow IT y la falta de ownership claro sobre cada credencial. Además, muchas organizaciones no cuentan con herramientas integradas que permitan una visión global, lo que genera una fragmentación tecnológica que complica su gestión.
Cómo abordar la protección de las Non-Human Identities
Abordar este reto requiere tratar las identidades no humanas con el mismo nivel de criticidad que las humanas, incorporando visibilidad, control y automatización en todo su ciclo de vida.
- Centralizar la gestión de secrets.
- Integrar la seguridad desde las fases tempranas del desarrollo (DevSecOps).
- Aplicar rotación automática y ciclos de vida cortos.
- Adoptar el principio de mínimo privilegio.
- Proteger los secrets mediante encriptación y segregación de entornos.
Conclusión: el riesgo invisible que ya no se puede ignorar
Las Non-Human Identities representan uno de los mayores puntos ciegos en la ciberseguridad actual. Su volumen, su crecimiento y la falta de controles adecuados las convierten en un objetivo prioritario para los atacantes.
En Cibernos trabajamos este ámbito desde una perspectiva clara: las identidades no humanas deben gestionarse con el mismo nivel de criticidad que las identidades humanas, con visibilidad, gobernanza y control continuo.
El reto no es solo técnico, sino también organizativo. Entender cuántas NHI existen, dónde están y qué pueden hacer es el primer paso para reducir un riesgo que, en muchos casos, ya está presente sin ser detectado.
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